Aproximadamente entre el 5 y el 10 por ciento de la población general, o
quizá más, sufre de trastornos alimentarios como la anorexia, la bulimia o el
Trastorno por Atracón.
La anorexia (anorexia nerviosa) es una aversión enfermiza a comer, y en buena
parte se vincula a una obsesión por no engordar. La bulimia se caracteriza por
ganas irrefrenables de darse atracones, tras los cuales viene un profundo
sentimiento de arrepentimiento que lleva a autoprovocarse vómitos o tomar
laxantes para intentar eliminar el exceso de comida ingerida. El Trastorno por
Atracón consiste en ganas irrefrenables de darse atracones, levantándose incluso
en plena madrugada para ello, pero sin la fase posterior que sí se da en la
bulimia.
Estos trastornos afectan especialmente a adolescentes y adultos jóvenes.
Aunque hay un componente psicológico claro en una parte de los casos, se ha
venido sospechando que pueden intervenir también factores biológicos, aunque a
pesar de las muchas investigaciones realizadas al respecto, tales factores han
permanecido envueltos en el misterio. La situación puede que haya cambiado
ahora, con el descubrimiento hecho en un nuevo estudio.
Una investigación realizada por científicos de Francia y Estonia ha
demostrado la implicación de una proteína producida por algunas bacterias
intestinales que podría ser, de forma indirecta, la causa o una de las causas de
algunos de esos casos de trastornos de la conducta alimentaria. Concretamente,
el equipo de Serguei Fetissov, de la Universidad de Ruan en Francia, y del
Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica (INSERM) en el mismo
país, ha comprobado que los anticuerpos producidos por el cuerpo contra esta
proteína reaccionan también con la principal hormona de la saciedad, cuya
estructura es similar. El resultado es una regulación inadecuada de dicha
hormona de la saciedad, que lleva a situaciones como la de sentir una sensación
de saciedad cuando no toca (anorexia) o no sentirla cuando sí toca (bulimia y
Trastorno por Atracón).
Lo descubierto en el estudio abre nuevas perspectivas para la diagnosis y el
tratamiento específico de trastornos en la conducta alimentaria. Fetissov y sus
colegas creen que podría llegar a ser posible corregir este mecanismo que causa
variaciones perjudiciales en el patrón normal de ingestión de alimentos.
Vía: http://noticiasdelaciencia.com/not/11642/una-proteina-bacteriana-implicada-en-la-anorexia-y-la-bulimia/
Mostrando entradas con la etiqueta anorexia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta anorexia. Mostrar todas las entradas
sábado, 11 de octubre de 2014
miércoles, 9 de abril de 2014
La anorexia no es (sólo) cosa de chicas
'No se me ocurrió ni por un momento que fuese anorexia',
'eso es cosa de chicas' o 'no me entraba en la cabeza' son algunas de
las frases que reflejan la perplejidad de varios chicos con un trastorno
alimenticio. En el imaginario popular ha calado tanto la idea de que
problemas como la anorexia y la bulimia son 'cosa de chicas' que a
menudo los varones con este diagnóstico no acuden en busca de ayuda
hasta que la enfermedad está ya muy avanzada.Un trabajo publicado esta semana en la revista British Medical Journal admite que los trastornos de la alimentación en el caso de los varones han sido mucho menos estudiados que en el caso de las mujeres, pese a que ellos no son inmunes a padecerlos.
Un buen ejemplo de esa laguna en la investigación son los propios datos de incidencia. Como explica el doctor Adrián Cano, del departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica Universidad de Navarra, es cierto que no se han hecho estudios serios sobre el número de varones afectados, "aunque es cierto que estamos asistiendo a un aumento". A su juicio, probablemente, la cifra que se daba habitualmente de un chico por cada 10 mujeres se quede corta, "pero tampoco estemos aún en el 25% que indican otras fuentes, sino más bien en algún punto intermedio entre ambas estadísticas".
Para conocer las percepciones de los propios afectados y qué factores retrasan la búsqueda de ayuda, Ulla Räisänen y Kate Hunt, de las universidades de Oxford y Glasgow (Reino Unido), llevaron a cabo una serie de entrevistas cualitativas a 10 varones con edades comprendidas entre los 16 y los 25 años y que formaban parte de una muestra más amplia de 39 pacientes (el resto, mujeres) con trastornos de la alimentación.
En la mayoría de los casos, los jóvenes tardaron meses, incluso años, en darse cuenta de que algunos de sus comportamientos no eran normales. Días sin comer, obsesión con el recuento de calorías, vómitos después de una comida un poco más copiosa de lo habitual, obsesión por el ejercicio físico... A pesar de que algunos de ellos llegaron incluso a autolesionarse, una vez confrontados con su problema de alimentación, la mayoría de ellos seguía sosteniendo que "eso es cosa de chicas".
Como ocurre también en el caso de las mujeres, todos ellos escondían sus obsesiones a su entorno cercano (incluida familia, pareja y amigos) y en algunos casos fue necesario un suceso traumático, con ingreso en Urgencias, para ponerles frente a lo que estaban sufriendo. "Es habitual que cuando se diagnostica a un varón se produzca mucha perplejidad", admite el doctor Cano, porque en el caso de los hombres también se tienden a ocultar las costumbres contra la comida al entorno.
Otro de los problemas que surgió durante las conversaciones con los entrevistadores es su desconfianza del sistema sanitario por "temor a no ser tomados en serio" o "por no saber dónde buscar ayuda". De hecho, una primera mala experiencia con un especialista, por ejemplo su médico de cabecera, podía retrasar que volviesen a pedir ayuda. El doctor Cano no cree que el problema sea el desconocimiento en Atención Primaria, pero sí admite que el prototipo masculino suele quedar exento del reconocimiento prematuro y es habitual que en los chicos el diagnóstico se retrase.
"Los hombres con trastornos alimenticios están infradiagnosticados, infratratados e infrainvestigados", sostienen los autores, que atribuyen en parte este problema a la insistencia en atribuir el problema (mediática y culturalmente) como algo exclusivo de mujeres. Un idea que también, critican, parece haber calado en los clínicos, a quienes recuerdan que el diagnóstico precoz es imperativo para tratar cuanto antes estas enfermedades y minimizar en lo posible sus secuelas.
Algunos autores explican que entre los varones la bulimia es más frecuente que la anorexia ("porque está más relacionada con la personalidad impulsiva y ése es un rasgo que se da más en varones", añade Cano) y no es extraño que la edad de inicio sea algo más tardía que en las chicas (18-26 años frente a 15-18 en el caso de ellas). Precisamente, Moleiro coincide con sus colegas británicas en que el 'no reconocimiento' de la enfermedad junto a la exclusión de los varones de los estudios por su aparente bajo número de casos tienen que ver con ese retraso en el diagnóstico que a menudo se asocia con una enfermedad más severa.
Vía: http://www.elmundo.es/salud/2014/04/09/534432f422601def5b8b4585.html
miércoles, 12 de marzo de 2014
La «hormona del amor» podría ser una terapia para la anorexia
La oxitocina, también conocida como la «hormona del amor»,
podría utilizarse como tratamiento para la anorexia nerviosa. Según una
investigación que se publica en «PLoS One»,
la oxitocina altera las tendencias de los pacientes anoréxicos a fijar
la vista en las imágenes de alimentos altos en calorías y formas
corporales más gordas. Estos resultados está en consonancia con un
trabajo previo, publicado en «Psychoneuroendocrinology»
y realizado por el mismo grupo, que indicaba que la oxitocina cambió
las respuestas de las personas con anorexia cuando se les mostraba caras
enojadas.
La anorexia nerviosa es una de las principales causas de
las muertes relacionadas con la salud mental, tanto a través de las
complicaciones físicas como por suicidio. Además de los problemas con
los alimentos, la dieta y la forma del cuerpo, las personas con anorexia
a menudo tienen problemas sociales, incluyendo ansiedad e
hipersensibilidad a las emociones negativas. «Las personas con anorexia
tienen una serie de dificultades sociales que, a menudo, comienzan en
sus primeros años de adolescencia, antes del comienzo de la enfermedad.
Estos problemas sociales, que pueden provocar aislamiento, son
importantes para entender tanto la aparición como el mantenimiento de la
anorexia. Usamos la oxitocina como posible tratamiento para la
anorexia, centrándonos en algunos de estos problemas de fondo que vemos
en los pacientes», explica Janet Treasure, del Instituto de Psiquiatría del 'King's College London', en Reino Unido.
La oxitocina es una hormona que se libera de forma natural
relacionada con el afecto, incluyendo el sexo, el parto y la lactancia.
Como un producto sintetizado se ha probado como tratamiento para muchos
trastornos psiquiátricos y se ha demostrado que tiene beneficios en la
reducción de la ansiedad social en las personas con autismo.
En el primer trabajo se administró una dosis de oxitocina a
través de un aerosol nasal o un placebo a 31 pacientes con anorexia y
33 controles sanos. Posteriormente, se les pidió que vieran secuencias
de imágenes relativas a la alimentación (alta y baja en calorías),
formas corporales (gordas y delgadas) y el peso (una escala variada).
Cuando se pusieron las imágenes en la pantalla, los investigadores
midieron la rapidez con la que los participantes las identificaron.
Después de tomar oxitocina, los pacientes con anorexia redujeron su
enfoque o «sesgo de atención» hacia las imágenes de alimentos y partes
del cuerpo gordas. El efecto de la oxitocina fue particularmente fuerte
en los voluntarios con anorexia que tenían mayores problemas de
comunicación.
El segundo estudio implicó a los mismos participantes, a
los que se les sometió a una prueba similar antes y después de la
oxitocina o placebo, pero en esta ocasión se evaluaron las reacciones de los voluntarios a expresiones faciales como la ira, el asco o la felicidad.
Después de tomar la dosis de oxitocina, los pacientes con anorexia eran
menos propensos a centrarse en las caras de asco y rostros enojados,
estando simplemente vigilantes.
«Nuestra investigación muestra que la oxitocina reduce
tendencias inconscientes de los pacientes a centrarse en los alimentos,
la forma del cuerpo y las emociones negativas como el asco», destaca el
director de ambos estudios, Youl-Ri Kim, de la Universidad Inje en
Seúl, Corea del Sur. Tras señalar que actualmente no existen
tratamientos farmacológicos eficaces para la anorexia, este experto
subraya que su trabajo se suma a una importante evidencia de la
literatura sobre tratamientos
con oxitocina para las enfermedades mentales y alude a la aparición de
una nueva opción de un tratamiento innovador para los pacientes con
anorexia.
viernes, 7 de febrero de 2014
Los trastornos depresivos aumentan en otoño y primavera y la bulimia y anorexia en primavera y verano
Las enfermedades mentales están directamente relacionadas con la
época del año y, de hecho, las consultas de psiquiatría y psicología
atienden con más frecuencia a pacientes con depresión en otoño y en primavera que el resto del año, mientras que la bulimia y anorexia son más frecuentes en la primavera y el verano.
"La presentación irregular de este tipo de trastornos mentales a lo
largo del año tiene una relación con factores ambientales cíclicos,
tanto físicos como culturales. Así como el clima y la luz inciden en el
desencadenamiento de los trastornos emocionales y del comportamiento, en
la misma medida lo hacen las circunstancias que caracterizan cada
período. Hay períodos anuales de alta exigencia familiar, o de intenso
impacto afectivo, o los que se afrontan situaciones desconocidas, o de
grandes expectativas puestas en la persona", ha comentado el catedrático
de Psiquiatría de la Universidad Complutense, José Luis Carrasco.
Por ejemplo, prosigue, los trastornos por inestabilidad emocional, las autoagresiones y los intentos de suicidio aumentan en otoño y en primavera, pero presentan además un incremento considerable en los períodos anuales de reunión familiar obligatoria, debido a los conflictos que se desatan y se reavivan.
En concreto, según ha informado la directora Médica de la Clínica SOMMOS y Profesora de Psiquiatría de la Universidad Complutense, Marina Díaz Marsá, el factor externo más influyente es la presión de los demás sobre nuestra propia imagen. De hecho, en el caso de la bulimia y de la anorexia, la presión de la mirada de los otros sobre los cuerpos aumenta en la primavera y en el verano, incrementando con ello la obsesión por la delgadez y, consecuentemente, la angustia.
Asimismo, otros factores, además de los biológicos, que influyen en la presentación estacional de los trastornos psíquicos son el exceso de expectativas puestas en la persona o la propia autoexigencia, como ocurre por ejemplo en muchas amas de casa al llegar las fiestas navideñas o en muchos estudiantes al comenzar el curso escolar.
En estas épocas aumentan considerablemente los trastornos de ansiedad y, al mismo tiempo, también influyen la presión social o familiar que empuja a sentirse obligatoriamente bien en determinadas épocas (vacaciones, navidades), lo que lleva a reprimir los sentimientos de malestar, dando lugar a síntomas emocionales y comportamentales.
"La presentación irregular de este tipo de trastornos mentales a lo
largo del año tiene una relación con factores ambientales cíclicos,
tanto físicos como culturales. Así como el clima y la luz inciden en el
desencadenamiento de los trastornos emocionales y del comportamiento, en
la misma medida lo hacen las circunstancias que caracterizan cada
período. Hay períodos anuales de alta exigencia familiar, o de intenso
impacto afectivo, o los que se afrontan situaciones desconocidas, o de
grandes expectativas puestas en la persona", ha comentado el catedrático
de Psiquiatría de la Universidad Complutense, José Luis Carrasco.Por ejemplo, prosigue, los trastornos por inestabilidad emocional, las autoagresiones y los intentos de suicidio aumentan en otoño y en primavera, pero presentan además un incremento considerable en los períodos anuales de reunión familiar obligatoria, debido a los conflictos que se desatan y se reavivan.
En concreto, según ha informado la directora Médica de la Clínica SOMMOS y Profesora de Psiquiatría de la Universidad Complutense, Marina Díaz Marsá, el factor externo más influyente es la presión de los demás sobre nuestra propia imagen. De hecho, en el caso de la bulimia y de la anorexia, la presión de la mirada de los otros sobre los cuerpos aumenta en la primavera y en el verano, incrementando con ello la obsesión por la delgadez y, consecuentemente, la angustia.
Asimismo, otros factores, además de los biológicos, que influyen en la presentación estacional de los trastornos psíquicos son el exceso de expectativas puestas en la persona o la propia autoexigencia, como ocurre por ejemplo en muchas amas de casa al llegar las fiestas navideñas o en muchos estudiantes al comenzar el curso escolar.
En estas épocas aumentan considerablemente los trastornos de ansiedad y, al mismo tiempo, también influyen la presión social o familiar que empuja a sentirse obligatoriamente bien en determinadas épocas (vacaciones, navidades), lo que lleva a reprimir los sentimientos de malestar, dando lugar a síntomas emocionales y comportamentales.
jueves, 26 de diciembre de 2013
Bulimia y anorexia, un trauma con graves secuelas
“La anorexia -señala el psiquiatra Omar Alva Lilué, presidente de la Fundación Interdisciplinaria para la Docencia, Atención e Investigación en Bulimia, Anorexia y enfermedades Asociadas (FUNDAIBA)- es el cuadro más letal de la psiquiatría, a tal punto que se estima que una de cada cinco mujeres con esta patología morirá antes de los 35 años”.
“Sin embargo -añadió el especialista- cuando uno pregunta qué es más grave, si la esquizofrenia o la anorexia, se responde la primera, cuando de ese 20 por ciento que mencionaba, la mitad se suicida. Esto puede dar un indicio del nivel de dolor que estas personas padecen, mientras que la otra parte muere como consecuencia de los daños que se van produciendo sobre su organismo”.
“se estima que un 10 por ciento de las adolescentes tienen algún trastorno en la alimentación, y que el 0,5 por ciento padece una patología grave”. Y si bien se presentan casos antes y después, el pico de mayor incidencia de estas enfermedades es entre los 15 y 17 años, “presentándose también muchos casos hasta los 20”, mientras que la relación es que “por cada 9 mujeres, un hombre tiene alguno de estos trastornos”.
“Pero a pesar de la gravedad y la prevalencia -añadió el especialista- no se le presta a estos trastornos la atención que merecen, y esto ocurre por tres motivos: el primero es que la mujer es discriminada en la medicina. Ya desde el vamos se estudia sobre el cuerpo del hombre, y hasta hay profesionales que, por ejemplo, olvidan preguntar a la mujer si está embarazada o menstrúa regularmente”.
“La segunda causa -agregó- es que se trata de enfermedades silenciosas. Porque en otras patologías de salud mental, la persona puede tener reacciones en público, incluso hasta agresivas, y entonces la sociedad festeja que se los contenga. Pero las mujeres que sufren trastornos alimentarios muchas veces mueren en la más absoluta soledad”.
En tercer lugar, el psiquiatra explicó que “la sociedad no tiene conciencia de la gravedad de esta patología, que generalmente se la asocia con algo que le sucede a las `mujeres con dinero o caprichosas`, pero en realidad afecta a todas las clases sociales y que produce altos niveles de sufrimiento”. El especialista también explicó que estos trastornos presentan “dos criterios claros de diagnóstico, que tienen que darse en forma conjunta: la alteración de la alimentación pero como consecuencia de una excesiva preocupación por la imagen corporal, una distorsión de su imagen y el temor enfermizo al aumento de peso”.
Cabe destacar que las formas de trastorno de la conducta alimentaria (TCA) más comunes son la anorexia, cuando la persona restringe la dieta hasta no ingerir casi alimentos; y la bulimia, caracterizada por la presencia de momentos de ingesta de comida más rápidamente de lo habitual, y que se acompaña con mecanismos para eliminar esas calorías como vómitos y ayunos prolongados.
Vía: http://www.eldia.com.ar/edis/20131220/Bulimia-anorexia-trauma-graves-secuelas-informaciongeneral0.htm
“Sin embargo -añadió el especialista- cuando uno pregunta qué es más grave, si la esquizofrenia o la anorexia, se responde la primera, cuando de ese 20 por ciento que mencionaba, la mitad se suicida. Esto puede dar un indicio del nivel de dolor que estas personas padecen, mientras que la otra parte muere como consecuencia de los daños que se van produciendo sobre su organismo”.“se estima que un 10 por ciento de las adolescentes tienen algún trastorno en la alimentación, y que el 0,5 por ciento padece una patología grave”. Y si bien se presentan casos antes y después, el pico de mayor incidencia de estas enfermedades es entre los 15 y 17 años, “presentándose también muchos casos hasta los 20”, mientras que la relación es que “por cada 9 mujeres, un hombre tiene alguno de estos trastornos”.
“Pero a pesar de la gravedad y la prevalencia -añadió el especialista- no se le presta a estos trastornos la atención que merecen, y esto ocurre por tres motivos: el primero es que la mujer es discriminada en la medicina. Ya desde el vamos se estudia sobre el cuerpo del hombre, y hasta hay profesionales que, por ejemplo, olvidan preguntar a la mujer si está embarazada o menstrúa regularmente”.
“La segunda causa -agregó- es que se trata de enfermedades silenciosas. Porque en otras patologías de salud mental, la persona puede tener reacciones en público, incluso hasta agresivas, y entonces la sociedad festeja que se los contenga. Pero las mujeres que sufren trastornos alimentarios muchas veces mueren en la más absoluta soledad”.
En tercer lugar, el psiquiatra explicó que “la sociedad no tiene conciencia de la gravedad de esta patología, que generalmente se la asocia con algo que le sucede a las `mujeres con dinero o caprichosas`, pero en realidad afecta a todas las clases sociales y que produce altos niveles de sufrimiento”. El especialista también explicó que estos trastornos presentan “dos criterios claros de diagnóstico, que tienen que darse en forma conjunta: la alteración de la alimentación pero como consecuencia de una excesiva preocupación por la imagen corporal, una distorsión de su imagen y el temor enfermizo al aumento de peso”.
Cabe destacar que las formas de trastorno de la conducta alimentaria (TCA) más comunes son la anorexia, cuando la persona restringe la dieta hasta no ingerir casi alimentos; y la bulimia, caracterizada por la presencia de momentos de ingesta de comida más rápidamente de lo habitual, y que se acompaña con mecanismos para eliminar esas calorías como vómitos y ayunos prolongados.
Vía: http://www.eldia.com.ar/edis/20131220/Bulimia-anorexia-trauma-graves-secuelas-informaciongeneral0.htm
martes, 17 de diciembre de 2013
Las causas genéticas de la anorexia
El estudio de secuenciación de ADN más extenso realizado hasta la fecha
para estudiar la anorexia nerviosa ha relacionado ese trastorno de la
conducta alimentaria con variantes de un gen que codifica para una
enzima que regula el metabolismo del colesterol. El hallazgo sugiere que
la anorexia podría estar causada en parte por una alteración en el
procesamiento normal del colesterol, lo que podría a su vez trastornar
el estado de ánimo y la conducta alimentaria.
El hallazgo apunta hacia una dirección que probablemente nadie hasta ahora habría considerado interesante para investigar, tal como subraya Nicholas J. Schork, uno de los autores del estudio y profesor del Instituto Scripps de Investigación, que cuenta con un campus en La Jolla, California, y otro en Júpiter, Florida, de Estados Unidos.
La anorexia afecta a hasta un 1 por ciento de las mujeres, y tiene una tasa de mortalidad estimada del 10 por ciento o más aún, lo que la convierte en una de las más mortíferas de las enfermedades psiquiátricas. Las personas anoréxicas restringen severamente su alimentación. Su aspecto llega a ser esquelético, y aún así continúan viéndose a sí mismas como gordas. Las personas con anorexia nerviosa tienden a ser ansiosas, depresivas, obsesivas, y excesivamente perfeccionistas.
Cómo se desarrolla este trastorno es algo que aún no se conoce en todos sus detalles. La anorexia afecta predominantemente a chicas y mujeres jóvenes. La proporción estimada entre los géneros de las personas afectadas es de cerca de 10 mujeres por cada hombre.
Los factores culturales (incluyendo las redes sociales), el estrés, y la
pubertad parecen influir en la incidencia de la enfermedad. Pero
también contribuyen al desarrollo de la misma los factores genéticos, y
de hecho, a juzgar por el nuevo estudio y otros, tales factores
genéticos tienen la mayor influencia.
El gran misterio ha sido obviamente cuáles son esos factores genéticos. Los estudios previos sobre asociación de la enfermedad a genes determinados en pacientes con anorexia sólo condujeron a unos pocos hallazgos reproducibles. Los investigadores sospechan que muchos genes pueden contribuir a la dolencia, y si, tal como parece, es así, sólo estudios muy amplios tendrán el peso estadístico suficiente para detectar de modo fiable las influencias genéticas que pueden ser las principales en cada caso.
Para el nuevo estudio, que hasta ahora es el mayor sobre anorexia de entre todos los realizados mediante secuenciación genética, aunaron sus esfuerzos una cuarentena de especialistas de más de dos docenas de instituciones científicas en diversas naciones.
Para esta investigación se trabajó con la información genética de más de 1.200 pacientes de anorexia y cerca de 2.000 personas sin esa dolencia que constituyeron el grupo de control.
De los más de 150 genes candidatos, sólo un puñado de ellos presentó signos estadísticos firmes de una relación con la anorexia.
Uno de los signos más claros vino del gen EPHX2, el cual codifica para la epóxido hidrolasa 2, una enzima de la que se sabe que regula el metabolismo del colesterol.
Todavía no está claro cómo las variantes del EPHX2 que causan un metabolismo anormal del colesterol podrían ayudar a generar o a mantener la anorexia. Pero lo cierto es que las personas que sufren de anorexia tienen en muchos casos niveles llamativamente altos de colesterol en su sangre, aún estando severamente desnutridas.
Vía: http://noticiasdelaciencia.com/not/9055/las_causas_geneticas_de_la_anorexia/
El hallazgo apunta hacia una dirección que probablemente nadie hasta ahora habría considerado interesante para investigar, tal como subraya Nicholas J. Schork, uno de los autores del estudio y profesor del Instituto Scripps de Investigación, que cuenta con un campus en La Jolla, California, y otro en Júpiter, Florida, de Estados Unidos.
La anorexia afecta a hasta un 1 por ciento de las mujeres, y tiene una tasa de mortalidad estimada del 10 por ciento o más aún, lo que la convierte en una de las más mortíferas de las enfermedades psiquiátricas. Las personas anoréxicas restringen severamente su alimentación. Su aspecto llega a ser esquelético, y aún así continúan viéndose a sí mismas como gordas. Las personas con anorexia nerviosa tienden a ser ansiosas, depresivas, obsesivas, y excesivamente perfeccionistas.
Cómo se desarrolla este trastorno es algo que aún no se conoce en todos sus detalles. La anorexia afecta predominantemente a chicas y mujeres jóvenes. La proporción estimada entre los géneros de las personas afectadas es de cerca de 10 mujeres por cada hombre.
![]() |
| Nicholas Schork ha dirigido el equipo de 47 científicos de diversas naciones que han llevado a cabo el nuevo y detallado estudio sobre la genética de la anorexia. |
El gran misterio ha sido obviamente cuáles son esos factores genéticos. Los estudios previos sobre asociación de la enfermedad a genes determinados en pacientes con anorexia sólo condujeron a unos pocos hallazgos reproducibles. Los investigadores sospechan que muchos genes pueden contribuir a la dolencia, y si, tal como parece, es así, sólo estudios muy amplios tendrán el peso estadístico suficiente para detectar de modo fiable las influencias genéticas que pueden ser las principales en cada caso.
Para el nuevo estudio, que hasta ahora es el mayor sobre anorexia de entre todos los realizados mediante secuenciación genética, aunaron sus esfuerzos una cuarentena de especialistas de más de dos docenas de instituciones científicas en diversas naciones.
Para esta investigación se trabajó con la información genética de más de 1.200 pacientes de anorexia y cerca de 2.000 personas sin esa dolencia que constituyeron el grupo de control.
De los más de 150 genes candidatos, sólo un puñado de ellos presentó signos estadísticos firmes de una relación con la anorexia.
Uno de los signos más claros vino del gen EPHX2, el cual codifica para la epóxido hidrolasa 2, una enzima de la que se sabe que regula el metabolismo del colesterol.
Todavía no está claro cómo las variantes del EPHX2 que causan un metabolismo anormal del colesterol podrían ayudar a generar o a mantener la anorexia. Pero lo cierto es que las personas que sufren de anorexia tienen en muchos casos niveles llamativamente altos de colesterol en su sangre, aún estando severamente desnutridas.
Vía: http://noticiasdelaciencia.com/not/9055/las_causas_geneticas_de_la_anorexia/
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

![Nicholas Schork ha dirigido el equipo de 47 científicos de diversas naciones que han llevado a cabo el nuevo y detallado estudio sobre la genética de la anorexia. (Foto: Instituto Scripps de Investigación) [Img #17223]](http://noticiasdelaciencia.com/upload/img/periodico/img_17223.jpg)