lunes, 17 de marzo de 2014

¿Por qué se contagian los bostezos?

Un joven bosteza durante una manifestación del 15-M.Son las 07:30h de la mañana. Va en el metro y la persona que está sentada frente a usted comienza a bostezar. A los pocos segundos, no puede evitar que las comisuras de sus labios empiecen a abrirse y también sucumbe. No es el único. El fenómeno puede seguirse como un reguero por todo el vagón.
Que los bostezos son contagiosos es algo bien conocido por todos. Sin embargo, la ciencia no acaba de dar con la explicación de su origen. Solo los humanos y los chimpancés bostezan cuando ven -u oyen- a un miembro de su especie hacer lo propio y, aunque hay muchas teorías sobre las causas de este fenómeno, ninguna cuenta con el respaldo científico definitivo.
La más extendida -y apuntalada- es que todo se debe a la empatía. Nuestra capacidad para entender y ponernos en el lugar del otro (una cualidad que también se ha detectado en primates como los chimpancés) sería la clave para explicar por qué nuestro organismo imita lo que ve en el otro como si de un espejo se tratara.
Sin embargo, una investigación publicada esta semana en la revista Plos One duda de la fortaleza de esta relación y sugiere que tal vez haya que buscar también en otros sitios el origen de los bostezos contagiosos.
Elizabeth Cirulli, profesora de la Universidad de Duke (EEUU) quiso analizar a fondo los distintos factores que, hasta la fecha, se habían asociado con el contagio de los bostezos. Su hipótesis es que conocer mejor este fenómeno puede contribuir a la investigación sobre enfermedades como la esquizofrenia o el autismo, ya que se sabe que las personas aquejadas por estos trastornos no se contagian cuando ven a otra persona abrir la boca.
Para llevar a cabo su estudio, reclutó a 328 voluntarios sanos y les pidió que completaran unas pruebas cognitivas y un cuestionario que incluían evaluaciones sobre empatía, sueño o niveles de energía. Además, también tuvo en cuenta datos demográficos y otras particularidades de cada participante.
Después, cada uno de los voluntarios tenía que ver un vídeo de tres minutos en el que salía gente bostezando y apuntar el número de veces que a ellos también les habían entrado ganas de hacer lo mismo.
De los 328 individuos estudiados, 222 bostezaron al menos una vez durante la proyección. La 'susceptibilidad' detectada fue variable, con un número de bostezos que variaba entre cero y 15 veces (la media coincidía con los datos de otros estudios sobre el tema).
Al correlacionar los datos con los obtenidos previamente, los investigadores no hallaron ninguna conexión poderosa entre los bostezos contagiosos y la empatía, el momento del día o la inteligencia (otros de los factores que se han relacionado con el fenómeno).
Lo único que parecía tener cierta influencia sobre los bostezos era la edad. Los participantes con más años eran menos proclives a imitar a sus semejantes, si bien este factor sólo permitía explicar el 8% de la variabilidad en la respuesta.

Vía: http://www.elmundo.es/salud/2014/03/15/53234daaca4741d7318b4571.html

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